F-Bombs for feminism

Un video de niñas con la boca “sucia” pero muy bueno por la denuncia que hacen

 

Fuente: http://fckh8.myshopify.com

 

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Las princesas se …

Princesa_libertaria

Diseño de Romina Risueño: https://www.facebook.com/pages/Romilustraciones

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Infancias de color de rosa

A mi hijo de 6 años le gustan los trenes, los perritos calientes y el color rosa. Le aburre el fútbol, le apasiona la mecánica y ante la pregunta de si le gustan los niños o las niñas responde tranquilamente que a él le gustan los tranvías.

Crece en un entorno de gente compleja y variopinta que le quiere sin cuestionarle qué es ni que será, y donde sus gustos son bienvenidos por muy atípicos que sean.

Pero criar a un niño ensayando parámetros que no alimenten la masculinidad tóxica, la violencia, y el machismo está siendo un acto de resistencia constante contra un mundo que no admite en la infancia disidencia alguna en la expresión de género. Que trata de censurar de inmediato cualquier espacio donde la criatura pueda experimentarse sin categorías impuestas y sin prejuicios trasnochados.

Y estamos librando una batalla cotidiana porque este niño, al que nadie exige que se comporte como un hombre de verdad, ha decidido vivir en un mundo color de rosa. Literalmente.

La policía del género

En la infancia, la policía del género es implacable. Frases como “no llores, que pareces una niña” o “las niñas no hacen tal o cual cosa” están naturalizadas. En los parques infantiles se oye bromear a padres y madres sobre la masculinidad de sus bebés de pecho, que desde el cochecito ya saben seducir a las chicas, presuponiéndoles, por supuesto, heterosexualidad. Cualquier pequeño ensayo fuera de los roles establecidos es penalizado: a los niños se les enseña a despreciar los corazones y amar las espadas, las calaveras, a disfrazarse de piratas pero nunca de princesas. A escoger paraguas de niños, cuentos de niños, deportes de niños, juguetes de niños. Y, por supuesto, a renegar del color rosa desde muy pequeños, el color de la vergüenza.

Biberones generizados

El primer susto lo tuvimos a las pocos meses de nacer, cuando compramos su primer biberón y la farmacéutica preguntó si lo queríamos de niño o de niña. La diferencia, claro, no estaba en la tetina, sino en el color.

A partir de entonces, el reguero de anécdotas en torno a la disidencia cromática es interminable.

A los 4 años quiso una bicicleta llamada “tarta de fresa”, el objeto más rosa que yo había visto en la vida. Fue con los abuelos a comprarla, pero volvió con una bici roja y azul, con coches de carreras estampados. “¡No le íbamos a comprar una bicicleta rosa!” exclamaron indignados ante nuestras quejas.

Cuando quiso que pintásemos su habitación de color rosa chicle, encontramos resistencia en la tienda de pinturas. Intentaron convencerlo de que toda la habitación de ese color no quedaría bien, y que era mejor escoger otro. Azul, por ejemplo.

El último disgusto lo tuvo hace unos días, al tratar de comprarle las batas para el colegio. Modelo único, y varios colores. El tendero le preguntó por el color y él, lo sabemos, escogió el rosa. El hombre se puso a reír: “No, eso es ridículo, nene. Escoge otra, la roja, la azul”. Intervine: “Ha dicho rosa”. No lo conseguimos. Entre los argumentos que me dieron para no encargarle batas rosa al niño estaban que ese modelo era más incómodo, que los demás se reirían de él, o que no era bueno para el niño vestirlo de niña.

Sexismo y homofobia latente

Lo que implica la cuestión no es tan solo un sexismo salvaje que ve denigrante para un niño tener actitudes o gustos considerados femeninos. Es el mismo sexismo que entiende como acto gamberro vestir a los novios con ropa femenina en sus despedidas de soltero, pues qué mejor forma de hacerle pasar vergüenza a un hombre que vestirlo con algo tan ridículo como… ¿una falda? Es el mismo sexismo que divide no solo los juguetes, sino infinidad de objetos en rosa y azul para seguir insistiendo en que hombres y mujeres somos tan distintos que hasta necesitamos champús diferentes. Recios y potentes para ellos, suaves y delicados para ellas.

Además del sexismo, en el rechazo a los niños que aman el rosa hay homofobia. Un niño que construye una masculinidad no-normativa, no-hegemónica, no es considerado un futurible “hombre de verdad”, ni tendrá los atributos que la masculinidad hegemónica considera necesarios. Será un “casi-mujer”, un afeminado, un marica. Gay, en el lenguaje políticamente correcto para actitudes igualmente homófobas. En la resistencia a nuestras decisiones de crianza está la repulsa a que desviemos su identidad sexual a fuerza de colorines. Se nos penaliza por no enderezarlo, cuando tal vez estemos a tiempo de hacer de él un buen hetero amante de los colores oscuros, del vino y de las mujeres. Homofobia, al fin.

Romper el círculo vicioso

Es indudable que necesitamos con urgencia nuevas masculinidades cuidadosas, empáticas y responsables. Infinidad de grupos de hombres que trabajan sobre sus privilegios y las construcciones de género lo demuestran. Hombres que se niegan a seguir siendo muy hombres, que reclaman poder llorar, poder fallar, poder estar asustados y decirlo en voz alta sin ser penalizados. Que reivindican cuidar no solo a sus hijos e hijas sino también a sus mayores. Que no quieren tener una carrera brillante sino una vida bonita. Una vida en rosa.

Para que todo ese trabajo de adultos tenga su efecto, es urgente también relajar la vigilancia de género sobre nuestros niños y niñas. Perder el miedo a las infancias disidentes, a las construcciones de identidad atípicas, a las criaturas que se atreven a ser como quieren, que se saltan esas normas que tanto nos oprimen porque, para su fortuna, aún no saben ni que existen.

Reproducido integramente de un artículo de: Brigitte Vasallo, 30/01/2014, Sección Zona crítica de El Diario.es

Sigue a Brigitte en: @brigittevasallo

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Las niñas en las series de dibujos animados

Aquí una pequeña muestra del condicionamiento de género que los dibujos animados ejercen sobre las niñas.

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Hipersexualización de las niñas: nuevas esclavas del patriarcado

Desde hace unos meses estamos siendo invitadas a una nueva esclavitud, la hipersexualidad de las niñas. Al parecer no está siendo suficiente todo el daño que el patriarcado ha hecho y está haciendo con las mujeres en forma de precariedad laboral, violencia de género, trastornos alimenticios, brecha salarial, nueva ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo y de los derechos sexuales y reproductivos, entre otras, sino que además ahora toca el turno a las niñas.

Este mes queremos visibilizar otro problema social de gran preocupación y relevancia, que si no se atiende y se frena pronto viviremos en la plena esclavitud social y estaremos, aunque en cierta medida ya lo estamos,  manipuladas por los androides machistas que habitan el planeta.

La hipersexualización de las niñas está al alcance de todas las personas, en formatos varios, medios de comunicación, publicidad y ahora en programas de televisión, Princelandia ha llegado a un canal televisivo de contenido basura, y han tenido la gran y fabulosa idea de lanzar un programa donde niñas de apenas cuatro años pueden convertirse por un día en princesas, por supuesto siendo todo de color rosa… Y mi pregunta es ¿Realmente saben y quieren ser esclavas de la moda y de la estética? ¿Qué ocurre si alguna le da por ser ingeniera y prefiere un juego donde le inspire a crear y pensar en un proyecto innovador? ¿Quién debe exigir y obligar a una niña a ir a estos programas banales y sin sentido? Está claro que la televisión está haciendo mucho daño, pero ¿Y las y los familiares de la niña? ¿Son conscientes de que están llevando a su niña a la esclavización y cosificación de su todavía no desarrollado cuerpo? ¿Se es consciente del mundo que estamos manteniendo? Dejemos espacio y tiempo para reflexionar. Pero reflexionemos!!

Estamos ante un nuevo patrón de exaltación de la belleza en forma extrema, niñas miniadultas sexualmente manipuladas, cuyas conversaciones se basan en cómo debe ser el corte de pelo, que me pongo y no me pongo, si tengo esta talla u otra, manicura, maquillaje, bolsos, tacones, pepinillos en los ojos, rulos en las cabezas… en fin todo un debate filosófico que aborrega sus mentes y las hace pasivas de la crítica y el raciocinio. Todo un descubrimiento al servicio de las necesidades e intereses de la industria consumista.

Ser objetos sexuales ahora es la moda y lo natural, haciendo de esta perversa condición de esclavitud niñas vulnerables, frágiles, sumisas… toda una victoria que el patriarcado ha implantado con una sonrisa de oreja a oreja, y mientras esto ocurre las consecuencias van apareciendo en forma de maltratos sutiles, baja autoestima, desvalorización, identidad manipulada, peligros en salud, caso de los trastornos del comportamiento alimentario… Todo un boom social que hace de las mujeres verdaderas marionetas, en miniatura, de la sociedad.

Niñas en portada

Este artículo no es sólo una crítica sobre la cosificación sexual que se está promoviendo, sino además una expresión de malestar ante el papel que ejercen padres y madres en mantener este patrón de hipersexualización en el desarrollo personal de sus niñas.

Me da la risa cuando repasando a grosso modo los derechos de los niños y las niñas, se defiende que esté penado o mal visto que las menores deseen y puedan tener relaciones sexuales, pedir permiso para hacerse un tatuaje o un piercing, proteger cuando se sale a la calle o se sale de fiesta, sobretodo si eres mujer, no tener la capacidad de decisión de elegir libremente sobre su propio cuerpo, si no es bajo tutela o permiso de padres y madres, pero luego, en cambio, sí se deja que una niña sea manipulada y reducida a puro objeto sexual sin privación de nada, y consentido por ambos cónyuges. Ni derechos ni respeto. Lo que hay es hipocresía barata.

Al parecer las mujeres no somos nadie sin el cuerpo, cosificando, sexualizando, reduciendo nuestra sexualidad al coito y a la mera capacidad reproductora, un claro ejemplo con lo que pretenden hacer con la nueva ley de interrupción voluntaria del embarazo y de los derechos sexuales y reproductivos. Han arrebatado nuestros valores, pensamientos, identidades, emociones…y todo esto ¿para qué? Para estar al mando y servicio de los designios irreales de los deseos masculinos que quisiera recordar todavía están en la cúspide de la jerarquía social.

Parece ser que el patriarcado no tiene suficiente con todas las batallas que desde siglos venimos ganando las feministas. Ahora le ha dado por las barbies y las muñequitas, y aunque no sea tan palpable como otras problemáticas sociales, es evidente que estamos ante una nueva violencia sutil, esta vez nacida desde la infancia.

Barriguitas FMJ

Aunque el objetivo del patriarcado sea acallarnos y mantenernos en la jaula de la estupidez, Federación Mujeres Jóvenes hemos sacado a la luz la jaula “No seas PRESA de la talla” que evidencia está basura social, y que aunque ya empieza a fermentar, tanto FMJ como otros colectivos feministas, no feministas, personas de calle, jóvenes, jóvenes, asociaciones… estamos luchando contra esta lacra social, para conseguir la putrefacción que se merece este lúcido acontecimiento del siglo XXI.

jaula

Creen que nos van a parar, con sus leyes y medidas retrógradas, pero tal y como ha sido a lo largo de la historia en materia de derechos humanos y de igualdad de género, todos los pasos van a ir hacia adelante, incluso aunque nos insulten y nos limiten, siempre quedará nuestra voz, nuestras palabras y sobretodo nuestra lucha feminista que permanecerá viva, como así ha sido siempre, al menos, hasta que logremos nuestra merecida victoria que no es otra que la de respetar los derechos humanos. Y ahí entramos también las mujeres.

Mª Jesús Girona Magraner

Presidenta de Federación Mujeres Jóvenes

Reproducido íntegramente de:  http://www.noseaspresadelatalla.com/web/2013/11/hipersexualizacion-de-las-ninas-nuevas-esclavas-del-patriarcado/

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Las series de nuestra infancia y los mandatos de género

Por Sonia Herrera

Las series de nuestra infancia y los mandatos de género

“La todopoderosa televisión está presente en nuestras vidas y convivimos naturalmente con ella. Es un invento cautivador, seductor y persuasivo que se ha ido ganando a pulso el uso de sobrenombres como: la reina de la casala niñera favorita, la telepasión e incluso ha llegado a ser nombrada como unluminoso y deslumbrante objeto de deseo, como un espejo en el que mirarse o como la eterna invitada... Aunque, a veces, es más intrusa que invitada”.

Trinidad Núñez y Felicidad Loscertales, “Arrinconando estereotipos en la televisión. Un análisis transnacional”.

Los medios de comunicación, productores de identidad

Los medios de comunicación son productores de identidad; una identidad que se forma mediante el diálogo con el contexto y en la creación de la cual la televisión es uno de los principales agentes, construyendo expresiones de realidad que desembocan en modelos de subjetividad.

Desde hace décadas la televisión es el medio de comunicación de masas con mayor alcance y mayor capacidad de conformación de opinión pública, así como fuente de información, entretenimiento y consolidación de valores sociales. Por consiguiente, su relevancia en cuanto al tratamiento de las mujeres, la perpetuación de roles y la educación en igualdad es indiscutible. Su grado de influencia es excepcional por ser el medio más consumido por la ciudadanía.

Pero, ¿realmente los canales de televisión tienen intención de asumir un papel responsable en la construcción de un nuevo orden social más igualitario? ¿Qué sucede con las series de dibujos animados? ¿Qué valores culturales y educativos transmiten a la población infantil? ¿Qué relación tienen con los roles de género? ¿Qué canon imponen?¿Somos conscientes de los mandatos de género que se transmiten a través de la programación infantil? Este artículo es precisamente un ejercicio de memoria, reflexión y autoconciencia. Un acercamiento a aquellas series de dibujos de mi infancia, de la infancia de todos/as aquellos/as que nacimos en los 80 (e incluso antes) y que socializamos y naturalizamos determinados modelos de conducta de lo que se espera socialmente de cada sexo, de lo que se supone que debe ser un hombre y una mujer y cómo deben comportarse.

¿Qué es un mandato de género?

 En el caso de las mujeres entendemos por mandato de género todas aquellas normas tácitas relacionadas con el estereotipo de feminidad tradicional imperante que tienen que ver con actividades, con emociones y con relaciones de poder.

Teniendo en cuenta esos mandatos (Lagarde, 1999; Rebollo, 2004), las mujeres debemos…

…ser bellas, vulnerables y sumisas;

…cuidar y salvaguardar el bienestar ajeno;

…situar nuestro núcleo vital en el amor (o más bien en la necesidad afectiva) y en la maternidad;

…comportarnos como seres dependientes que necesitan un hombre para sentirse completos;

…sobredimensionar todo lo relacionado con lo emocional.

En la tabla elaborada por Clara Urbano Molina, técnica de Educación y Sensibilización de Iepala (Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África), encontramos una clara relación de los mandatos de género más comunes a los que nos enfrentamos mujeres y hombres y que se reproducen continuamente en la programación infantil.

Estos mandatos colocan a las mujeres en una situación de subordinación absoluta respecto al varón que las lleva en muchas ocasiones a olvidarse de sí mismas, a tener problemas de autoestima y ansiedad si no cumplen con todo lo requerido por el sistema, y a ocultar su verdadera identidad y sentir culpa y vergüenza cuando transgreden dichos mandatos.

¿Cómo se reproducen estos mandatos en la programación infantil?

En la vida de una mujer tienen gran influencia los medios de comunicación como factor de socialización y por ello cuesta más reconocer que crecemos bombardeadas por conductas estereotipadas y sexistas. Las series de nuestra infancia como “Dragon Ball”, “Las Tortugas Ninja”, “Caballeros del Zodiaco”, “Campeones”, “Dartacán y los tres mosqueperros”, “La vuelta al mundo de Willy Fog”, “Dragones y Mazmorras”, “Scooby Doo”, “Los Pitufos”, “Campeones”, “David, el Gnomo”, “Los Osos Gummies”, “Los Picapiedra” o “Los Trotamúsicos” (protagonizadas casi exclusivamente por varones –aunque fueran animales personificados–) u otras  protagonizadas por personajes femeninos como “Heidi”, “Candy Candy”, “La Aldea del Arce” o “Bésame Licia” lanzaban estereotipos de feminidad constantes e ideas sobre el amor romántico que aceptamos durante mucho tiempo.

Por suerte, aunque no eran muchos los modelos disidentes que escapaban a los arquetipos tradicionales de feminidad, siempre podían encontrarse grietas, incluso en el cine y la literatura, para identificarse con personajes de niñas y mujeres que transgredían las normas y que enfrentaban los roles tradicionales asignados, personajes emprendedores e independientes como Jo ―la hija escritora de “Mujercitas” de Louisa May Alcott―, Momo, Ana de las Tejas Verdes, Mafalda, Punky Brewster, Pippi Långstrump, la pequeña Lulú o las protagonistas de “Fuego Salvaje” y “Mofli, el último koala”. Por desgracia, tal como podemos comprobar en dichas series, si una mujer o una niña no se adapta a los mandatos sociales y decide infringir la norma seguramente será tachada de loca o de excéntrica y vista como la oveja que ha escapado del redil y que debe ser “reeducada”.

Mucho por hacer…

La realidad no ha cambiado demasiado. En 1997, Bill Hendrick publicó en el New York Times y el Clarín de Argentina un artículo titulado “Estudio Sobre Dibujos Animados: Tan sexistas como hace treinta años” donde escribió lo siguiente: “Es posible que las mujeres hayan recorrido un largo camino desde los días de Betty Boop, pero aún siguen siendo mostradas como estúpidas en los dibujos animados que aparecen por televisión”.

La programación infantil continúa sin representar la complejidad y diversidad de género existente en nuestra sociedad. Aún son muchas las desigualdades por desvelar y transformar en los medios de comunicación, pero existen formas de romper con los estereotipos y generar nuevos productos de entretenimiento educativo para la infancia. La televisión sigue necesitada de más personajes femeninos que representen a mujeres reales, inteligentes, autónomas, empoderadas, cuya belleza y coquetería no sea su virtud principal.

Porque en el mundo real las mujeres no somos estereotipos: no somos bombas sexuales como Betty Boop ni candorosas, frágiles e insípidas jovencitas de ojos vidriosos a lo Candy, ni amas de casa abnegadas como Vilma… Ya lo decía Pippi: “¡Cuando sea mayor seré pirata! ¿Y vosotros?”. Porque somos mucho más que un arquetipo machista. Somos científicas, investigadoras, políticas, escritoras, ganaderas, jinetes, submarinistas, policías, deportistas, viajeras intrépidas, periodistas, chefs, cineastas, arqueólogas y… ¿por qué no? ¡Piratas! Somos las auténticas protagonistas de nuestra historia, el sujeto activo de la acción; nos sentimos completas sin necesidad de tener pareja; hermosas y seguras sin necesidad de llevar un vestido ajustado o unos tacones de vértigo para convertirnos en el objeto de deseo de otros; libres y dueñas de nuestro cuerpo y de nuestras decisiones para mantener relaciones afectivas simétricas y para alcanzar nuestros sueños y luchar por nuestros ideales.

Reproducido íntegro de: United Explanations Fuente: http://www.unitedexplanations.org/2012/11/13/las-series-de-nuestra-infancia-y-los-mandatos-de-genero/

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Las niñas pueden..

Video que en de forma sencilla nos habla de los estereotipos de género que les inculcamos a las niñas…

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El cuerpo de las mujeres

Excelente minidocumental de un tema candente

CANAL CULTURA

“Las mujeres reales, están desapareciendo de la televisión y que son reemplazadas por una representación grotesca, vulgar y humillante”.

El documental titulado El cuerpo de las mujeres sobre la presencia de la mujer en la televisión italiana muestra como se va reduciendo y degradando a las mujeres a un mero objeto decorativo. Viéndolo me vienen a la mente una vez más las palabras de Casilda Rodrigañez: tenemos la violencia tan interiorizada que ni siquiera somos conscientes de ella.

Así son las propias mujeres las que se van sometiendo a cirugías y retoques cada vez más terribles, y que vistos en perspectiva producen un resultado grotesco: todas las mujeres terminan teniendo la misma cara, las mismas tetas, la misma delgadez. Ni rastro de arrugas o canas. Subidas a los mismos tacones,  con la misma sonrisa bobalicona, imagen de un pensamiento único que requiere también un cuerpo único. No hay lugar para las mujeres mayores…

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Dungeons & Dragons

Johnny, Danny, Josh, y Jacob (de entre 9 y 11 años de edad) juegan Dungeons & Dragons cada fin de semana con su grupo de amigos. Este grupo no incluye a niñas de su edad. DnDnG explora la posibilidad de que tal vez, sólo tal vez, sus amigas pudieran disfrutar del juego tanto como lo hacen. Y es que las chicas no juegan juegos de mesa? Veamos este mini documental dirigido por Meredith Jacobson quien nos dice que las chicas son tan buenas como ellos, que sus visiones de género se construyen desde la temprana infancia y nos siguen durante toda la vida….

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Y los padres de las princesas?

Ese es un tema que termina siempre por no hablarse ¿Donde estas los padres y que papel juegan en la rosificación y princesamiento de sus hijas? Nos hemos preguntado una y otra vez. Al menos lo he hecho, no se ustedes.

Pues sí, padres de las princesas escriben cosas como  “The Unprincess” que lo encuentras en formato digital en su propia página web, este es un cuento para ser una princesas perfecta pero sin plantease cosas cómo la necesidad de que las niñas sean o no princesas y si ese modelo de ser niña es el adecuado. UnprincessLa forma de desprincesarse es únicamente portándose mal ¿Porqué? No viene a cuento la educación y la rosificación de las niñas, si lo que se pretende es darles una educación en valores como la solidaridad, la sororidad, la confianza, el respeto, la tolerancia, nada mejor que hacer sentir a las niñas que desde la posición que tienen, de niñas!  pueden hacerlo, nada de princesas ya que según hemos visto en varias ocasiones no hacen más que fomentar estereotipos de conducta nocivos y absolutamente fuera de la realidad.

Ah! pero hay otro padre de esos con ideas de bombero, Jeremiah Heaton no pudo resistirse al deseo de su niña que quería ser princesa y decidió conseguirlo. Así fue como inició un procedimiento legal para reclamar un área entre Egipto y Sudán conocido como ‘Bir Tawil’, para que Emily su hija, pudiera coronarse princesa.  Eso si no es rayar el lo absurdo no se cómo llamarle.  El fomento de la idea de que las niñas son princesas es tremendo tomando en cuenta de que un hombre ha sido capaz que reclamar un territorio que está muy lejos de su país y que pertenece a otro continente que por cierto, no tiene nada que ver con su cultura.

Estos padres definitivamente son ejemplo muy extremos, al menos uno de los casos, y es precisamente eso lo que habría que hablar, ¿Qué clase de relación llevan los padres con sus hijas que fomentan el princesismo? ¿Los estereotipos de padres en las películas y cuentos de princesas son los más sanos? ¿Participan de una forma sana en su crecimiento y desarrollo emocional? ¿Ser proveedores y forzudos es su papel? La masculinización de la crianza, así como de los cuidados es vital para derribar estereotipos y sembrar nuevas relaciones que lleven a las niñas a crecer con otras visiones sobre los hombres y aniquilar la idea de que los “príncipes azules” las salvarán y cuidarán de ellas. También los niños también tendrán otros ejemplos, padres que cuidan, que son cariñosos y no sólo proveedores y ausentes, darán otra imagen. “Princesas” y “princesos” crecerán con más certeza de que las relaciones entre más equitativas son más felices porque si padres y madres crían por igual, las y los peques no verán diferencias, ni sentirán que tienen un papel asignado, serán sólo el reflejo de su madre y de su madre.

 

 

 

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